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Los retos logísticos que vienen ya no se esconden y esto es lo que más va a doler

Hablar del futuro de la logística nunca ha sido tan desafiante. Y, al mismo tiempo, nunca resultó tan urgente. El sector se mueve en un tablero donde cambian las reglas a mitad de partida. La geopolítica presiona. La regulación aprieta. El consumidor exige. Y la tecnología acelera sin pedir permiso.

Aun así, la cadena de suministro no se queda quieta. Se adapta. Se estira. Aprende. Y, cuando hace falta, se reinventa. La logística se ha convertido en un termómetro de la economía y también en su airbag. Por eso, mirar los próximos meses con lupa ya no es un capricho. Es una necesidad operativa.

En el corto plazo, la conversación real gira alrededor de cuatro frentes. Espacio logístico. Energía. Transporte por carretera. Y capacidad de respuesta ante picos de demanda. Todo lo demás cuelga de ahí.

retos de la logistica mundial

Un 2026 que se cuela en 2025

El mercado ya actúa como si 2026 estuviera a la vuelta de la esquina. Muchas empresas planifican con horizonte móvil. Ajustan inventarios. Replantean rutas. Y vuelven a discutir dónde colocar el stock.

El motivo resulta simple. La logística vive una mezcla incómoda de rigidez y urgencia. Los activos inmobiliarios no se construyen en dos semanas. La red eléctrica no se amplía con un clic. Y el transporte no crece si faltan conductores.

La consecuencia se nota en la toma de decisiones, que ahora llega antes y con menos margen de error. Quien espere a “ver cómo evoluciona el año” puede llegar tarde.

El inmologístico se tensa y la ubicación vale más

Europa sigue en modo mercado ajustado. La disponibilidad de naves se mantiene baja en muchos ejes. Además, la nueva oferta llega con cuentagotas por costes, financiación y trámites.

Los informes difieren según el enfoque y el periodo, pero dibujan el mismo clima. CBRE situó la vacancia media en Europa en torno al 4,4% en 2024, con expectativas de estabilización más que de caída fuerte. Savills, por su parte, observó un rebote de la vacancia ponderada hasta el 7,0% en el primer semestre de 2025 tras el ajuste de 2024.

¿Qué significa eso en la práctica? Que el suelo bien conectado no aparece por arte de magia. Y que la calidad del activo importa más que antes. En España, este patrón se ve con claridad en plazas como Madrid, Barcelona o Valencia. La escasez de suelo finalista y los plazos administrativos largos elevan el valor de lo que ya funciona.

Cuando el mercado se aprieta, la logística deja de buscar metros y empieza a comprar tiempo. Tiempo de acceso. Tiempo de entrega. Tiempo de reacción.

E-commerce y la dictadura de la inmediatez

El comercio electrónico ya no vive una euforia puntual. Vive una consolidación exigente. El consumidor no solo compra online. También compara tiempos, opciones de entrega y facilidad de devolución.

Aquí aparece el gran desafío de los próximos meses. La rapidez por sí sola no basta. Entregar “antes” sin entregar “bien” destroza la experiencia. Y una mala experiencia se multiplica en reseñas, devoluciones y atención al cliente.

En mercados donde la demanda se recalienta, el operador logístico compite con precisión, no con promesas. Por eso crece la inversión en trazabilidad, integración de flotas y visibilidad en tiempo real.

La última milla ya no se mide en kilómetros, se mide en errores evitados. Y cada error cuesta más que hace tres años.

Energía como nuevo criterio logístico

Hasta hace poco, la energía parecía un coste más. Ahora actúa como condición de entrada. La automatización, el frío logístico y los procesos intensivos empujan el consumo. Y eso cambia la lógica de localización.

Además, Europa vive un problema físico. La red eléctrica sufre cuellos de botella. La Agencia Internacional de la Energía ha señalado que la congestión de red y los retrasos locales ya limitan el crecimiento de capacidad en algunos entornos europeos.

En España, el debate se ha vuelto muy concreto. Distintas fuentes del sector energético han alertado de saturación en puntos de conexión y de inversiones pendientes por falta de capacidad disponible. Y el propio Gobierno planteó elevar el tope de inversión en red para acelerar infraestructura hasta 2030, con una subida del 62% en el límite de inversión.

Esto impacta de lleno en logística. Una nave “perfecta” en el mapa puede fallar si no consigue potencia. Y una ubicación “secundaria” puede ganar valor si ofrece energía y permisos.

La electricidad se ha convertido en un factor de competitividad logística, igual que una autovía o un puerto.

La carretera se queda sin aire y el sector lo nota

El transporte por carretera soporta la mayor parte del movimiento interno en Europa. Sin embargo, la capacidad no crece al ritmo que pide el mercado. La presión viene por varios lados. Costes. Normativa. Renovación de flota. Y, sobre todo, personas.

La IRU situó en 444.000 las vacantes de conductores de camión en Europa durante 2025. Ese dato no funciona como anécdota. Funciona como freno estructural. Si faltan conductores, el sistema se vuelve más caro y menos flexible.

A corto plazo, este escenario empuja tres movimientos. Primero, más interés por reducir kilómetros. Segundo, más contratos de transporte con enfoque de estabilidad, no solo precio. Tercero, más obsesión por la planificación.

La logística ya no puede improvisar con la carretera como colchón infinito. Ese colchón se adelgaza.

Planificar picos ya no es opcional

En una economía sensible al consumo, los picos siguen mandando. Semana Santa, campañas estacionales, rebajas, y eventos comerciales. El problema no reside en que existan picos. El problema aparece cuando la empresa los trata como sorpresa.

La logística moderna gana o pierde meses antes. Gana cuando conversa con clientes y proveedores con antelación. Pierde cuando espera a que el volumen “entre” para reaccionar.

En los próximos meses, las compañías que mejor se muevan serán las que conviertan la planificación en hábito. Modelos de escenarios. Acuerdos de capacidad. Planes B de transporte. Y stock distribuido con criterio.

El mayor error de 2026 puede ser gestionar 2026 con mentalidad de 2019.

Tecnología e IA sin fuegos artificiales

La tecnología ya no se discute. Se ejecuta. Aun así, el sector vive un riesgo claro. Adoptar herramientas que añaden complejidad, en lugar de quitarla.

La IA gana terreno en tareas rutinarias que consumen horas. Recalcular rutas ante incidencias. Ajustar inventario con señales de demanda. Automatizar comunicaciones con proveedores. Todo eso suena futurista, pero ya se está normalizando.

La clave está en el enfoque. La empresa que use IA como “capa de decisión” necesita datos fiables. Necesita procesos limpios. Y necesita personas que entiendan lo que el sistema hace.

La innovación que no simplifica se convierte en un lujo caro. Y la logística no vive un momento para lujos.

Aduanas, aranceles y reglas que cambian

El comercio transfronterizo seguirá con sobresaltos. A veces por política. A veces por controles. Y a veces por ajustes regulatorios en sostenibilidad y trazabilidad.

Aquí entra una tendencia práctica. El interés por soluciones bajo control aduanero o por esquemas que retrasan el pago de derechos hasta que la mercancía sale a mercado. No se trata de magia financiera. Se trata de proteger caja y margen cuando las reglas se vuelven impredecibles.

También crece la diversificación. Más de un proveedor. Más de una ruta. Más de un puerto. La empresa que depende de una sola puerta se expone a que esa puerta se cierre.

La resiliencia ya no se vende como discurso, se diseña como arquitectura.

España como pieza clave y como tarea pendiente

España tiene una posición geoestratégica muy potente. Conecta Atlántico y Mediterráneo. Puede actuar como puente con África. Y puede ganar peso en estrategias de nearshoring y reorganización industrial europea.

Sin embargo, esa ventaja no se sostiene sola. Requiere suelo disponible. Requiere red eléctrica. Requiere corredores eficientes. Y requiere colaboración público-privada que vaya más allá del titular.

Si el país acelera permisos, moderniza red y alinea transporte con demanda real, puede capturar más inversión logística. Si no lo hace, el mercado seguirá empujando, pero con fricciones. Y la fricción se traduce en coste.

La logística premia a los territorios que eliminan frenos, no a los que solo anuncian planes.

Qué deberían hacer ya las empresas

Los retos suenan grandes, pero aterrizan en decisiones simples. En los próximos meses, muchas empresas se jugarán el año con cinco movimientos.

  1. Primero, revisar la red de almacenes con la pregunta correcta. No “dónde es más barato”. Sino “dónde reduce riesgo y tiempo”.
  2. Segundo, auditar energía. Potencia disponible. Dependencia de terceros. Opciones de autoconsumo. Y margen para crecer.
  3. Tercero, blindar capacidad de transporte. Con acuerdos estables. Con análisis de rutas. Y con alternativas multimodales cuando tenga sentido.
  4. Cuarto, poner orden en datos y procesos antes de escalar automatización. La IA no arregla un caos. Lo amplifica.
  5. Quinto, construir un calendario de demanda compartido con clientes. Y convertirlo en plan operativo, no en Excel decorativo.

El sector no necesita adivinos. Necesita disciplina y decisiones rápidas con datos.

Un cierre que deja claro lo que viene

Los próximos meses no traerán una logística “más fácil”. Traerán una logística más estratégica. Más condicionada por infraestructura. Más presionada por el consumidor. Y más dependiente de decisiones que se toman con anticipación.

La buena noticia existe. El sector ya ha demostrado resiliencia. Además, la tecnología ofrece palancas reales. Y España puede ganar relevancia si resuelve sus cuellos de botella.

La mala noticia también existe. Quien no invierta en capacidad, energía, datos y planificación pagará el precio en servicio y en margen. Y ese precio, en 2026, se cobrará rápido.